DESPOBLATS (El problema de la despoblación rural)

Hay asuntos que, de repente, asaltan los titulares y las tertulias con la fuerza de una tormenta de verano, para luego desvanecerse sin ruido, como si nunca hubieran importado. Asoman en el discurso público por puro trámite, para cumplir el expediente, antes de ser devueltos al ostracismo cotidiano.

Estas fotografías fueron tomadas en un pueblo del interior del norte de Alicante, pero bien podrían retratar la geografía del olvido de casi cualquier rincón de la Península. Comparten el estigma de una de las heridas más profundas de nuestro tiempo: la despoblación. Asistimos, mudos, al desmantelamiento de una sociedad agrícola de potencial incalculable, y con ella, a la pérdida irreparable de las costumbres y la identidad de unas tierras que siempre tuvieron su propia idiosincrasia.
Decía el maestro Cristóbal Hara que la fotografía es una de las armas más poderosas para divulgar la personalidad de un país. Imposible no estar de acuerdo. Esta serie —la primera de tres entregas— no nace con el afán de descubrir un destino al turismo de masas; más bien al contrario. Hay lugares que merecen ser rescatados del anonimato para obligar a las instituciones a protegerlos, para exigir que se preserve la esencia de unas comarcas cada vez más desiertas.
Porque el abandono de la tierra no es gratuito; se cobra su peaje. La prueba la sufrimos en 2022, cuando un incendio voraz devoró tres de los valles con mayor arraigo y tradición del norte alicantino. Una tragedia que no fue sino el síntoma doloroso de un paisaje desamparado.

 

 






Las personas pertenecen a los lugares, y los lugares a las personas. Quienes resisten en los pueblos en riesgo de despoblación son los últimos guardianes de una cultura que se niega a morir. Son los héreos anónimos del paisaje interior. 🧵👇


📸 Juanita Vidal (95 años, en la foto): Toda una vida en Beniaia. Trabajadora del campo, abrió el primer bar en la posguerra y llevó el primer teléfono al pueblo entre el humo de sus minxos, pilotes de dacsa, blat picat, etc.


📸 Roberto Nadal: Artesano de la supervivencia. Autónomo, margenador, albañil. Trabaja el olivar y en la cereza que, lamenta, está en franca regresión.


📸 Agustín Dumrauf (25 años): Llegó desde Mar del Plata (Argentina) al campo alicantino. Trabaja la tierra, pero sueña con marchar de un pueblo que siente demasiado "apagado" para la juventud.


📸 Francisco J. Verdú: Regenta el bar de la piscina en Castells de Castells. Vive del turismo de fin de semana. Su diagnóstico es claro: "El turismo va bien, pero la población va a menos".


📸 Rosa (Bar Vicent "la Tona"): Presiente el final de una era. Su generación será, probablemente, la última en mantener abierto un negocio familiar que resiste desde 1896.

📸 Mar: Periodista. Junto a su pareja eligió Alcalá para criar a su hijo. Una resistencia difícil ante unas administraciones que no facilitan ni vivienda ni servicios básicos. El olvido institucional sigue siendo el motor del éxodo.


La historia se repite en estos valles como un eco lejano pero persistente.
Caminar hoy por los llamados “Despoblats Moriscos” de la Vall —lugares como la Queirola, La Roca o la pedanía de Beniaia, cuyos orígenes se hunden en el siglo XIII— es contemplar las cicatrices de un viejo naufragio. Estos núcleos, que un día conocieron el auge y el pulso de la vida, iniciaron su viaje hacia la nada en el siglo XVII con el decreto de expulsión de los moriscos. Las repoblaciones posteriores buscaron otros rumbos, dejando que el olvido y la maleza devoraran sus casas.
Hoy, estos muros caídos gozan de la máxima protección teórica: están catalogados como Bien de Interés Cultural (BIC). La ley contempla incluso la expropiación si corren riesgo de desmoronarse. Pero los papeles administrativos no sostienen las piedras.
Dejados de la mano de las instituciones, los poblados moriscos se desintegran en silencio, a pesar de ser la espina dorsal que define este paisaje cultural. El paralelismo con la situación actual es inevitable: ayer fue un decreto real; hoy es el abandono y la falta de oportunidades lo que vuelve a vaciar la tierra. Cambian los siglos, pero el silencio sigue ganando la partida.














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